domingo, 4 de septiembre de 2011

Fanfic: "Deja que el silencio prevalezca"

Título: "Deja que el silencio prevalezca"
("Leave unsaid unspoken")
Autora: Absynthess
Traducido por Violet Raven
Resumen: Una conversación junto al lago entre Shuuei y Shusui. Más llena de pensamientos y bromas, que de romance, pero ofrece una mirada menos dramática al interior de su relación. Situada justo después de que Shuurei abandona el harén Imperial.
Tipo: One-shot
Pareja: Shuuei/Shusui
Clasificación: K
Advertencias: Ninguna.
Género: Romance y Drama

Aclaración: La adorable historia, el entorno y personajes de “Saiunkoku Monogatari” pertenecen a Sai Yukino. No me pertenecen, para nada –Simplemente los he utilizado aquí con el estricto propósito de entretener, sin ningún beneficio.


***

Al enfrentarse al peligro, cualquier criatura sensata huye de él. El instinto la golpea e inmediatamente, la criatura sabe que el precio por permanecer ahí, será su propia vida –así que se aleja. Los seres humanos son más complejos, sin embargo. Ellos tienen dos opciones: enfrentarse o huir. La segunda opción es la de los cobardes, la opción animal. La otra es el camino que eligen tanto los campeones como los tontos, tratando de defenderse del peligro con sus propias fuerzas. Y aunque raramente funciona, aquellos que optan por el primer camino, son a los que la gente reconoce como “héroes”.

¿Acaso ser un general no significa ser un guerrero? Haciendo frente al peligro, ¿no debería luchar para superarlo? Pero no lo hizo. Él había optado por el camino de los débiles, y por una buena razón. Y era porque el peligro que afrontaba no era físico. Enfrentar el peligro no debería costarle perder ni su cordura, ni su orgullo. No, el único peligro que corría era salir de la batalla con el corazón roto.

“Cobarde”. La palabra se le escapó entre dientes antes de advertirlo. Pendía en el aire frente a él, casi tangible, recordándole lo que él era. Ahora que lo había dicho, no había forma de negarlo. Se acababa de colgar la etiqueta. Si ninguna otra opción, se tuvo que encarar a sí mismo.

Ran Shuuei no estaba seguro de en qué momento, la persona que miraba al espejo había dejado de vivir según sus expectativas. Hasta donde podía recordar, estaba complacido consigo mismo, satisfecho. Él era un hombre del clan Ran. Hacía honor a sus deberes, destacando no sólo en la esgrima y en el estudio de las leyes, sino también en personalidad y apariencia. ¿Qué más se podía pedir de él? Tenía el respaldo del clan Ran, el amor del mismísimo Emperador. ¿Es que eso no era suficiente?

Porque una vez que una persona ha sido rechazada, jamás se sentirá entera de nuevo. Aunque, para ser justos, ella nunca lo había rechazado directamente. Pero al escoger a Setsuna –o Yuki, como Shuuei suponía –en vez de a él, ella le había arrebatado la confianza y seguridad que alguna vez tuvo. Y aún más, le había robado la capacidad de estar en paz consigo mismo.
“¿Perdido en tus pensamientos, Ran-shogun?”

Él se dio vuelta, rompiendo sus cavilaciones. De pronto, era como si el refugio que había encontrado en su mente, se hubiera despedazado; había sido empujado, dolorosamente, de vuelta al mundo real. El sol brillaba sobre él, creando un magnífico resplandor de la superficie del azulado lago junto al que estaba parado. Shuuei levantó la mano para cubrirse los ojos, mirando a la persona que lo había traído de vuelta a la realidad.

“Shusui-dono.” Su voz sonó, por apenas unos momentos, perdida y anhelante. Al siguiente momento, sin embargo, había recobrado la compostura y ofreció a la dama una encantadora sonrisa. “Me sorprendiste. Es mejor que nadie sepa lo pensativo que he estado.”

“No tiene nada de malo admirar el paisaje de vez en cuando, Ran-shogun.” La sonrisa de Shusui era suave y decididamente, menos irónica de la que Shuuei había puesto. A plena luz del día, su pálida piel parecía casi traslúcida, y sus labios rojos contrastaban con su blanco rostro. “Incluso tú necesitas relajarte a veces, ¿sabes?”

Shuuei inclinó la cabeza en aprobación. Un leve y suave viento sopló alrededor de ellos, trayendo consigo el fresco olor a las flores de primavera. No tendría sentido ahora, tratar de alcanzar el nivel de concentración que él tenía hace unos momentos. Lo había perdido, y ahora, sólo quedaba una cosa por hacer.

“Estaba a punto de ir a dar un paseo. ¿Te molestaría acompañarme?” Hubo un tiempo, en sus primeros años de juventud, en que estuvo seguro de que ninguna mujer sería capaz de rechazarlo al ofrecerle esa sonrisa. Pese a esos eventos pasados, seguía teniendo suficiente confianza en ella. Y no lo decepcionaría.

“Oh, supongo que tengo tiempo.” Shusui le dedicó otra sonrisa amable y de pronto, la de Shuuei se volvió algo más genuina. Como si lo percibiera, Shusui dio un paso hacia él, y ambos se encaminaron a paso lento alrededor del lago.

“Debe haber mucho silencio en la mansión ahora que Shuurei-dono se ha ido.” Shuuei comentó como si nada. Ahora que estaban caminando, él pudo observar la gran variedad de flores. Vibrantes rosas rojas, hortensias de color lapislázuli y un gran número de otras que adornaban los jardines, con el lago en el centro brillando como una joya.

“Nos entristeció verla partir.”Shusui admitió tristemente. “Pero bueno, sabemos que ella ha dejado la corte en tus capaces manos, Shusui-dono.” Era natural para él dedicarle cumplidos a las damas. Pareciera como si fuera parte de una lección, algo así como “No bajes la guardia en una pelea” y “Asegúrate de conocer el rango de la otra persona antes de dirigirte hacia ella.”. Y aun así, con Shusui, él sentía las ansias por ofrecerle más que la amable y casual cortesía que dirigía hacia las demás. Su cortesía era un hábito, pero con ella, en realidad quería ser más amable que con cualquiera.

Ella se sonrojó con sus palabras, lo que era enteramente evidente dado el tono blanquecino de su piel. “No, tú y yo sabemos que algún día, alguien ocupará ese lugar permanentemente. Y no será triste cuando eso suceda.”

Él no estaba seguro de qué decir. Era cierto que él y Kouyuu tenían el favor del Emperador, pero eso fue gracias a Shuurei –o al menos, que el Emperador no los habría tomado en consideración para otorgarles la flor de no ser por ella. No era trabajo suyo involucrarse; si acaso, su deber sería disuadir al Emperador de enamorarse de la princesa del clan Kou. Pero viéndolos juntos a los dos, ¿cómo podría hacerlo? No era malo que alguien tuviera sentimientos como esos.

Especialmente dado que Shuurei nunca estaría tan ciega hacia los sentimientos de un hombre como esa persona lo había estado. No había sido culpa de Gyokuka. Fue culpa de él en su mayoría, por ser tan tonto de permitir que sus emociones nublaran su buen juicio. Pero había estado muy seguro de que la persona a la que él amaba le correspondería, y esa confianza lo condujo al desastre.

Pero que algo así volviera a ocurrirle a un hombre como él, era algo que no permitiría. Es por eso que sólo estaba dando un paseo alrededor del lago con Shusui, en vez de estar haciendo otras cosas con ella.

Shusui evidentemente notó su silencio, porque se acercó más y más a lo acostumbrado para tocar su hombro. “¿Sabes, Ran-shogun?” murmuró “este año, el Emperador ha plantado muchos lirios.”
Al oír sus palabras, él miró a su alrededor. Había pasado por alto las rosas y las hortensias, y, sin siquiera notarlo, ya estaban parados justo en medio de un mar púrpura. No era del profundo color del clan Ran; era colorido y brillante, del color de las más perfectas amatistas. Y aun así, los lirios eran blancos, además de que el púrpura emanaba de su centro, tiñendo los níveos pétalos. Realeza. Confianza. Pureza. Fe. Esperanza. Sabiduría. Admiración. Valor. Todas esas cualidades que le habían sido transmitidas a él en una sola flor.

“Ya lo veo.” Respondió al fin, abrumado por alguna razón. Instintivamente, su mano viajó hacia la empuñadura de su espada, que acababa de ser grabada con las mismas flores. “Esto será toda una noticia para el consejo”, rió Shuuei, “el Emperador puede haber ignorado la idea de los impuestos a los granos, ¡pero ha dispuesto que se arreglen hermosamente los jardines del palacio!”

“Eres demasiado severo con él.” Shusui murmuró. “Puede ser difícil tratar de vivir según las expectativas de la gente en ti. A veces, parece más fácil defraudar sus esperanzas que intentarlo y fracasar.” Su voz era tan lenta y suave, que parecía como el apacible rugir de las olas del mar. Amable pero decidida, como corriente de agua.

“Y a veces,” Shuuei comentó, “tanto te atrapan las expectativas de la gente que te olvidas de lo que querías para ti mismo.” Él se estiró hasta alcanzar uno de los lirios y lo arrancó de su tallo, volteándolo entre sus hábiles dedos.

¿Había hecho eso consigo mismo? Él no podía recordar el tiempo en que sus prospectos de futuro no se ajustaran por completo a lo que el clan Ran pedía de él. ¿Había existido algún momento en que él se forzara a sí mismo a cambiar porque eso fuera lo que el clan Ran necesitaba de él? ¿O acaso es que él siempre quiso que fuera… así?

“Toma.” le extendió la delicada flor a ella. “Esta es más azul que púrpura.” Para ser precisos, ésta era color índigo.

“Oh, gracias, Ran-shogun.” Ella la recibió delicadamente y, mientras la tomaba de su mano, Shuuei quedó admirado de cuán suaves eran sus dedos. Ella era una mujer alta, así que nunca antes le pareció débil. Amable, si. Delicada, si. Elegante, definitivamente. Pero, ¿débil? Jamás. Y sin embargo, de estirarse y atrapar su mano ahora, seguramente él con facilidad podría machacarla con la suya. Su fortaleza, su quietud, su regia dignidad, no eran nada comparadas a las suyas.

“¿Alguna vez te has arrepentido de algo en tu vida, Shusui-dono?” La voz de Shuuei sonó suave, y una vez que las palabras se escaparon de su boca, pensó mejor en hacer semejante pregunta. Shusui se detuvo, dando vueltas una y otra vez al capullo de flor en su mano. Finalmente, suspiró.

“No.” Respondió ella con certeza. “Existe una razón para todo, Ran-shogun. La gente que conocemos, las relaciones que forjamos, e incluso las penas que soportamos, todas ellas tienen un propósito. Felicidad, tristeza, ira… si no experimentáramos todo eso, nuestras vidas estarían incompletas. Por eso no, no me arrepiento. Hay cosas que me ponen triste, o me dan miedo, pero no deseo que desaparezcan. Incluso la muerte tiene su sitio. Supongo.”

“Eres muy filosófica, Shusui-dono.” Shuuei murmuró admirado. “Me sorprende que hayas logrado tanta paz en tu vida a tan corta edad.”

“¿Desde cuándo sabes mi edad, Ran-shogun?” Preguntó ella, de manera algo cortante. “Podría tener cincuenta o diez años, pero un hombre como tú nunca lo sabría, ¿verdad?”

“¿…’Un hombre como yo’?” Cuestionó Shuuei. “¿Y qué clase de hombre sería yo, exactamente?” Él estaba fingiendo estar herido, pero en realidad tenía curiosidad. ¿Cómo lo veía ella? Desde que llegó a la corte, desde esa noche en que se conocieron, ¿qué opinión se había formado de él?

Shusui rió discretamente. “Se hace tarde, Ran-shogun. Seguro que Kourin ya preparó el té; en verdad debo regresar.” Ella se dio vuelta dispuesta a partir, y Shuuei hizo una mueca –todo eso, ¿y ahora ella estaba por irse sin responder a su pregunta?

“Shusui-dono,” la llamó, atrapando su muñeca. “Estoy seguro de que puedes llegar unos minutos más tarde a tomar el té.”

Ella se sonrojó encantadoramente, otra vez, contrastando esto con su piel de magnolia. “Oh, no. La dignidad de una mujer se determina por lo puntual que ella sea, Ran-shogun. No haciendo esperar a los demás. Seguro que tú lo sabes.” Y con esto, ella se soltó de su agarre y se encaminó, abriéndose paso entre los lirios.

Él se quedó ahí parado algún tiempo después de eso, mirando fijamente el reflejo azul púrpura que los lirios proyectaban hacia el lago. En vez de tener la expresión pensativa de antes, estaba sonriendo de una manera un tanto tonta.

Ella no le había dicho lo que opinaba de él, pero había aceptado su flor.

***

Nota de la autora: Gracias por tomarse el tiempo de leer “Deja que el silencio prevalezca”. El título hace referencia al hecho de que Shuuei y Shusui tienen algún tipo de relación, pero ella no está preparada para expresarla con palabras –seguramente porque sabe que no significan lo mismo el uno para el otro. Se supone que la historia tiene lugar justo enseguida de que Shuurei abandona el harén Imperial –cerca del episodio 12, creo. Sin embargo, el trasfondo y detalles de la vida de Shuuei están tomados de la 2ª temporada, del episodio 29 en adelante. Espero que hayan disfrutado esta historia y, como siempre, cualquier clase de opinión es enormemente agradecida.

Fuente: http://www.fanfiction.net/s/5030684/1/Leave_Unsaid_Unspoken


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